marzo 05, 2012

Acciones inapropiadas para almas no inmortales.

Te golpeó una melodía que desde hacía días bombeaba en tu cabeza. Perdiste el control, tu cuerpo ya no estaba ligado a tu mente nunca más. Tu cerebro se despojó de tus articulaciones como los árboles se deshacen de las hojas marchitas que el otoño destruye.
Te encontré desnuda y con señales de la hazaña que la música había creado en ti. A tu alrededor había acordes mezclados con la furia que tu rostro parecía derrochar. No conseguía descifrar qué es lo que te había llevado hasta aquella acción inapropiada. Pero allí estabas, con tu cara de porcelana rota por la avaricia y, aunque no en grandes dosis, por el dolor.
No supe cómo reaccionar al ver que todavía entraba aire por tu nariz, al ver que todavía tu sangre ardiente corría por tus venas. Me dediqué a contemplar cómo tu pelo ondulado reposaba sobre tu hombro dañado. Apreté tu mano, sentí el débil latido de tu corazón. Observé el proceso de tu recuperación; increíble, preciso, peculiar. Estaba claro que tú no eras como las demás, y por eso era por lo que yo era tuyo. Un segundo más tarde de atraerte hacia  mi pecho, tus ojos cristalinos se abrieron lentamente. Me decidí, postre mi frente sobre la tuya, miré fijamente al mar de tus preciosos ojos y dije: "si la muerte te lleva algún día, me limitaré a pensar que los ángeles, a veces, no son inmortales".

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(leave a light, a light on)